Humanidades

Humanidades

Inicio
Notes
Secc
Rec
FILO
RELIG
HISTORIA
CULT
LIBROS
Guías
Archivo
Acerca de
HISTORIA

Palestina antes y después de Israel

Palestina sin Estado: identidad, territorio y ruptura. El surgimiento del nacionalismo palestino antes de 1948.

Avatar de Salvador Lorca 📚
Avatar de El Último Orbe - Historia
Salvador Lorca 📚 y El Último Orbe - Historia
mar 05, 2026
Cross-post publicado por Humanidades
" "
- El Último Orbe - Historia

Dado el éxito de su artículo, publicado también aquí, sobre el sionismo antes de Israel, he vuelto a pedir a uno de los autores con más experiencia en historia en Substack, El Último Orbe - Historia, que escriba un post sobre otro de los protagonistas de la historia de ese ensangrentado rincón de la Tierra. Como ejemplo, Bill Clinton creó mucha controversia en octubre de 2020 al seguir la tradición de quienes creen que el nacionalismo palestino es, en el mejor de los casos, una imitación barata del sionismo.

Es también un tema importante, muy actual, y que forma parte esencial de las páginas de la historia. Para ello, ha dedicado muchas horas a una ingente investigación, además de incluir sus grandes dotes de historiador y narrador. Puedes visitar y suscribirte a su boletín aquí. También se incluye una perspectiva de un palestino que vive en Chicago y volvió a su tierra para investigar si el nacionalismo palestino tenía futuro.

Durante más de cuatro siglos, el territorio que hoy identificamos como Palestina formó parte del Imperio otomano. Desde 1516 hasta 1917, no existió allí un Estado independiente ni un proyecto político autónomo que reclamara soberanía territorial propia.

El orden imperial otomano no se organizaba según el principio moderno de nación. Era una estructura multinacional, multilingüe y multirreligiosa en la que la lealtad política se dirigía al sultán y donde las comunidades religiosas —musulmanes, cristianos y judíos— estaban reconocidas jurídicamente dentro del sistema de millets. La pertenencia confesional era más relevante que cualquier identidad territorial exclusiva.

Palestina no constituía una unidad administrativa diferenciada. Sus ciudades y distritos dependían de provincias mayores como Damasco o Beirut. Jerusalén adquirió en el siglo XIX un estatus particular dependiente directamente de Estambul, pero esa reorganización respondía a necesidades estratégicas imperiales, no a la afirmación de una identidad nacional local.

Las identidades eran múltiples y superpuestas. Un habitante musulmán de Nablus podía concebirse simultáneamente como miembro de su familia, como vecino de su ciudad, como árabe y como súbdito otomano. Ninguna de esas identidades implicaba necesariamente la aspiración a un Estado independiente.

Las reformas y la transformación de la sociedad

El siglo XIX trajo las reformas conocidas como Tanzimat (1839–1876), que buscaron fortalecer y modernizar el imperio ante la presión europea. Estas reformas transformaron profundamente las estructuras sociales de la región.

Uno de los cambios más importantes fue la reforma de la propiedad de la tierra, mucha de la cual fue inscrita a nombre de grandes propietarios, a menudo residentes en ciudades o incluso fuera de la región. Esto modificó notablemente la relación entre población rural y territorio. La tierra empezó a convertirse en objeto jurídico y económico claramente delimitado.

Al mismo tiempo, la integración en el mercado mundial aumentó, la exportación agrícola, especialmente de cítricos desde Jaffa, creció considerablemente. También se ampliaron puertos y rutas comerciales, y escuelas misioneras y consulados europeos reforzaron si presencia occidental.

Surgieron nuevas élites urbanas educadas, vinculadas a la prensa y a redes intelectuales árabes más amplias. La lengua árabe adquirió renovado prestigio cultural en el marco de la Nahda, el renacimiento intelectual árabe. Pero este arabismo inicial no era separatista, sino que coexistía con la lealtad otomana.

La irrupción de un proyecto nacional

A finales del siglo XIX, Palestina era una región demográficamente diversa. La mayoría de la población era árabe musulmana, con comunidades cristianas significativas y una presencia judía histórica concentrada en ciudades santas como Jerusalén, Hebrón o Safed.

La convivencia no era idílica ni completamente exenta de fricciones, pero se desarrollaba dentro de marcos sociales conocidos. El equilibrio comenzó a alterarse con la llegada de inmigrantes judíos procedentes de Europa oriental en las últimas décadas del siglo XIX.

Estas primeras oleadas migratorias estaban vinculadas a persecuciones en el Imperio ruso y al surgimiento del sionismo político. A diferencia de la presencia judía histórica, estos nuevos inmigrantes llegaban con estructuras organizativas modernas, con financiación internacional y con una visión colectiva a largo plazo.

La diferencia no radicaba simplemente en la religión, sino en la naturaleza del proyecto.

Se fundaron colonias agrícolas, se adquirieron tierras legalmente a grandes propietarios y se establecieron instituciones propias. Para parte de la población árabe local, estas transformaciones comenzaron a generar inquietud, no tanto por su volumen inicial como por su lógica acumulativa.

En este momento todavía no existía un nacionalismo palestino plenamente articulado, pero comenzaba a configurarse la percepción de que el equilibrio tradicional estaba cambiando.

Identidad antes del nacionalismo

A su vez, la mayoría de los habitantes árabes de Palestina no se definían como “palestinos” en sentido nacional moderno. La pertenencia política se organizaba dentro de un marco imperial y religioso, no nacional.

Sin embargo, la inmigración judía introdujo transformaciones profundas que alteraron ese equilibrio. Las reformas otomanas, la integración económica en los mercados internacionales y el desarrollo de nuevas élites urbanas vinculadas a la prensa y a la educación moderna comenzaron a generar formas de conciencia colectiva más amplias.

Las primeras inmigraciones de judíos a Palestina - Enlace Judío

En ese contexto, el aumento de la inmigración judía, la compra de tierras y la consolidación de instituciones propias asociadas al sionismo introdujeron una dimensión política nueva en el territorio. La cuestión ya no era únicamente administrativa o económica, sino relativa al futuro soberano del espacio. La identidad árabe palestina no apareció de forma inmediata ni uniforme, pero comenzó a definirse gradualmente en respuesta a esa transformación estructural u al colapso de Imperio Otomano.

La conciencia nacional emergió cuando el territorio dejó de percibirse como provincia y empezó a entenderse como espacio cuyo control político podía modificarse de manera irreversible.

El colapso imperial

La Primera Guerra Mundial marcó el punto de inflexión definitivo, ya que el Imperio otomano se desintegró tras la derrota. Con su desaparición, también desapareció el marco político que había estructurado la vida de la región durante cuatro siglos.

Las potencias vencedoras rediseñaron Oriente Próximo según acuerdos estratégicos. En 1917, la Declaración Balfour expresó el apoyo británico al establecimiento de un “hogar nacional judío” en Palestina, al tiempo que prometía no perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes.

Para la población árabe local, este compromiso introducía una ambigüedad profunda: el territorio en el que constituían mayoría pasaba a estar vinculado oficialmente a un proyecto nacional distinto.

El paso del orden imperial al sistema de mandatos coloniales transformó la política en competencia explícita por legitimidad y control.

Nota del Editor: La Declaración Balfour fue dirigida a Lord Walter Rothschild, cabeza de una de las familias más ricas del Imperio Británico, líder de la comunidad judía británica y figura clave del sionismo, para que la difundiera a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda. Rothschild y Chaim Weizmann, líderes sionistas, participaron activamente en la redacción de los borradores previos de la declaración.

El inicio de una conciencia política defensiva

En este nuevo contexto, la identidad palestina comenzó a consolidarse con mayor claridad. La administración británica del Mandato reorganizó el territorio mediante censos, registros de población, sistemas electorales limitados y estructuras administrativas que diferenciaban explícitamente entre comunidades.

Al mismo tiempo, el reconocimiento oficial del “hogar nacional judío” introducía en el propio marco jurídico del Mandato la existencia de un proyecto nacional diferenciado. Esto situó a la población árabe del territorio ante una realidad política nueva: el futuro del país comenzaba a discutirse en términos de soberanía nacional.

La identidad palestina no surgió de forma automática, pero el propio funcionamiento del Mandato transformó la política en una cuestión nacional.

Las tensiones aumentaron a medida que la inmigración judía se intensificaba y las instituciones sionistas adquirían mayor cohesión organizativa.

La sociedad árabe palestina, en cambio, presentaba fragmentaciones internas entre notables urbanos, líderes rurales y distintas corrientes ideológicas. Esta diferencia organizativa generó una asimetría que marcaría las décadas siguientes.

La conciencia nacional palestina no nació como proyecto expansivo, sino como reacción a la percepción de pérdida de control sobre el propio territorio.

La tierra, que durante siglos había sido espacio de subsistencia y pertenencia local, se convirtió en eje político. La demografía dejó de ser un dato social para convertirse en un argumento de legitimidad.

El Mandato británico

Como se ha indicado, cuando la Primera Guerra Mundial puso fin al dominio del Imperio otomano, el territorio dejó de estar integrado en una estructura imperial multinacional para convertirse en objeto de administración colonial bajo supervisión internacional. El Mandato británico, formalizado por la Sociedad de Naciones en 1922, no fue simplemente un cambio de autoridades; implicó la introducción de una lógica política distinta, en la que el territorio pasaba a definirse en función de un futuro aún indeterminado.

Conflicto israelí-palestino: 6 mapas que muestran cómo ha cambiado el  territorio palestino en las últimas décadas - BBC News Mundo

El sistema de mandatos se presentaba oficialmente como una etapa transitoria hacia la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, en el caso palestino, ese marco estaba atravesado por un compromiso previo: la Declaración Balfour, que había expresado el apoyo británico al establecimiento de un “hogar nacional judío” en Palestina (aunque, como se ha dicho, garantizando al mismo tiempo que no se perjudicarían los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes). Esta formulación, ambigua en su redacción y políticamente cargada en sus implicaciones, introducía una asimetría fundamental, puesto que reconocía explícitamente un proyecto nacional mientras evitaba definir el estatuto político de la mayoría árabe.

La construcción institucional

Durante la década de 1920 y especialmente en los años treinta, el movimiento sionista desarrolló un entramado institucional complejo que funcionaba, en muchos aspectos, como un Estado en formación. Se consolidaron organismos de representación como la Agencia Judía, se fortalecieron sindicatos y cooperativas vinculados al trabajo agrícola e industrial, se creó un sistema educativo propio y se estructuraron mecanismos financieros capaces de sostener la inmigración y la adquisición de tierras. Estas instituciones no eran improvisadas; respondían a una estrategia consciente de construcción gradual de infraestructura política y económica.

Al mismo tiempo, se organizaban fuerzas de autodefensa, se planificaban redes de asentamiento y se articulaba una cultura política basada en la idea de soberanía futura.

La sociedad árabe palestina, por el contrario, no contaba con un aparato comparable. Existían élites urbanas influyentes, especialmente en Jerusalén, Nablus y otras ciudades relevantes, pero el liderazgo político estaba fragmentado y a menudo marcado por rivalidades familiares o regionales. Las estructuras de representación eran más informales y dependían en gran medida del marco administrativo británico, que limitaba la formación de órganos nacionales autónomos.

Esta diferencia organizativa no puede explicarse mediante simplificaciones culturales. Mientras el movimiento sionista operaba desde finales del siglo XIX con apoyo financiero internacional, la sociedad árabe palestina había vivido integrada en un imperio que no exigía construcción de soberanía propia.

Tierra y demografía

Uno de los elementos más sensibles del periodo del Mandato fue la cuestión demográfica y territorial. La inmigración judía aumentó de manera significativa, especialmente en la década de 1930, impulsada por el agravamiento del antisemitismo europeo y, finalmente, por el ascenso del nazismo.

En un contexto donde la legitimidad futura parecía asociarse a la presencia demográfica y al control territorial, cada nueva ola migratoria adquiría dimensión estratégica. Las compras de tierras, realizadas de forma legal a grandes propietarios, transformaban gradualmente la estructura agraria. Aunque el número de desplazamientos campesinos no fue uniforme ni siempre inmediato, la percepción de pérdida potencial de control territorial comenzó a consolidarse en amplios sectores árabes palestinos.

La tierra dejó de ser simplemente un medio de subsistencia o patrimonio familiar y se convirtió en símbolo político central.

Para el movimiento sionista, la adquisición de tierras era condición necesaria para la autosuficiencia económica y la construcción de una base material sólida que hiciera viable un futuro Estado. Para la población árabe palestina, esas mismas adquisiciones podían interpretarse como evidencia de que el equilibrio demográfico y político estaba cambiando.

La revuelta de 1936–1939

La acumulación de tensiones desembocó en la gran revuelta árabe de 1936–1939, que comenzó con una huelga general prolongada y evolucionó hacia enfrentamientos armados contra la administración británica y contra la presencia sionista. Este episodio marcó un punto decisivo en la formación del nacionalismo palestino.

La gran revuelta árabe en Palestina (1936-1939)

Por primera vez, amplios sectores sociales participaron en movilizaciones en nombre de demandas nacionales explícitas, entre ellas la limitación de la inmigración judía y la creación de instituciones representativas que reflejaran la mayoría demográfica árabe. Se formaron comités nacionales, se articularon discursos políticos coherentes y se consolidó la percepción de pertenencia colectiva frente a un desafío común.

Sin embargo, la revuelta también reveló debilidades estructurales. La respuesta británica fue contundente, combinando represión militar, detenciones masivas, ejecuciones y exilios.

Cuando la revuelta terminó, la sociedad palestina había consolidado una identidad política más definida, pero al precio de una erosión significativa de sus estructuras organizativas.

El impacto de la Segunda Guerra Mundial

El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la posterior revelación del exterminio sistemático de los judíos europeos durante la Shoá modificaron radicalmente el marco internacional. La catástrofe humanitaria reforzó, en amplios sectores de la opinión pública global, la percepción de que la cuestión judía requería una solución urgente y definitiva.

Para muchos actores internacionales, la creación de un Estado judío dejó de ser únicamente aspiración nacional y pasó a considerarse una respuesta necesaria a un trauma histórico de dimensiones inéditas.

Este giro tuvo consecuencias directas para Palestina. La discusión sobre el futuro del territorio ya no dependía exclusivamente de dinámicas locales, sino de decisiones adoptadas en foros internacionales donde el peso político de la tragedia europea era determinante.

Para la población árabe palestina, que no había participado en la persecución europea, la idea de que la solución a un problema europeo implicara la transformación radical de su propio territorio generó una percepción creciente de injusticia histórica.

La soberanía como dilema

Al finalizar la guerra, el Mandato británico estaba agotado políticamente. Las tensiones entre comunidades se habían vuelto estructurales y la administración colonial carecía de legitimidad suficiente para imponer una solución aceptada por ambas partes. La propuesta de partición presentada por Naciones Unidas en 1947 formalizó una conclusión que ya se había insinuado en años anteriores: la coexistencia bajo un único marco político parecía inviable en las condiciones existentes.

Para el movimiento sionista, la partición representaba reconocimiento internacional y el paso decisivo hacia la independencia. Para el liderazgo árabe palestino, implicaba aceptar la división de un territorio donde constituían mayoría demográfica.

La transición del Mandato hacia la decisión internacional abrió la puerta a una confrontación directa que transformaría definitivamente la historia de la región.

Nota del Editor: El atentado al Hotel Rey David, perpetrado el 22 de julio de 1946 en Jerusalén, fue el ataque más significativo contra el mandato británico en Palestina. Organizado por el grupo armado sionista Irgún, destruyó el ala sur del hotel, que albergaba la administración británica, causando 91 muertes y marcando un punto de inflexión en la lucha judía contra el control británico.

1947–1949: guerra y ruptura

La aprobación del plan de partición por Naciones Unidas en noviembre de 1947 no abrió un periodo de transición ordenada hacia la soberanía compartida, sino que precipitó una confrontación inmediata sobre el terreno. La administración británica, consciente de la inviabilidad política del Mandato, aceleró su retirada sin establecer un mecanismo efectivo de transferencia de poder. El vacío resultante dejó el territorio en manos de dinámicas militares y comunitarias que ya venían gestándose desde años atrás.

Palestina, el polvorín religioso sobre el que se fundó Israel

Entre noviembre de 1947 y mayo de 1948, el conflicto adoptó la forma de guerra civil entre comunidades. Las principales ciudades mixtas y las rutas estratégicas se convirtieron en escenarios de enfrentamientos continuos. El Yishuv judío había desarrollado durante décadas estructuras políticas, económicas y militares relativamente cohesionadas, capaces de actuar con planificación territorial.

La sociedad árabe palestina, en cambio, arrastraba las consecuencias de la revuelta de 1936–1939, que había debilitado severamente su liderazgo político. Muchos dirigentes se encontraban en el exilio o habían perdido capacidad de coordinación efectiva.

Esto no explica por sí sola el resultado final, pero sí ayuda a comprender la rapidez con la que determinadas zonas estratégicas cambiaron de control antes incluso de la proclamación del Estado de Israel.

El colapso interno

En la primavera de 1948, las operaciones militares judías buscaron asegurar continuidad territorial en las áreas asignadas al futuro Estado y en zonas consideradas estratégicas para su viabilidad.

En ese proceso se produjeron desplazamientos masivos de población árabe palestina. Las causas fueron: enfrentamientos directos, expulsiones en determinadas operaciones, miedo generado por episodios violentos concretos y desintegración progresiva de las estructuras sociales locales. Entre 1947 y 1949, una parte sustancial de la población árabe palestina abandonó o fue expulsada de sus hogares, y centenares de aldeas quedaron despobladas.

La proclamación del Estado de Israel en mayo de 1948 y la intervención posterior de ejércitos árabes vecinos transformaron el conflicto en guerra regional, pero para entonces el tejido social palestino ya estaba profundamente fracturado.

La Nakba

Para la sociedad palestina, lo ocurrido entre 1947 y 1949 no fue percibido únicamente como derrota militar, sino como ruptura histórica de continuidad. El término Nakba expresa esa dimensión estructural de catástrofe; la pérdida del hogar, la dispersión familiar y la imposibilidad inmediata de retorno generaron una experiencia colectiva que redefinió la identidad política.

La Nakba: luchar por el derecho al retorno de los palestinos | lamarea.com

La tierra, que durante el Mandato había sido eje económico y símbolo de legitimidad, pasó a convertirse en memoria y reivindicación. Los documentos de propiedad conservados por generaciones, la transmisión oral de las historias de las aldeas abandonadas y la experiencia compartida del exilio adquirieron centralidad en la configuración del nacionalismo posterior.

Fragmentación territorial y nacionalismo sin Estado

Tras los acuerdos de armisticio de 1949, el territorio quedó dividido. Cisjordania pasó a estar bajo administración jordana; Gaza, bajo control egipcio; el resto quedó integrado en el nuevo Estado israelí. La población palestina se encontró fragmentada geográficamente y sin marco estatal propio.

BBC Mundo | Seis Días Mapas Clave

Los campos de refugiados administrados por organismos internacionales, concebidos inicialmente como solución provisional, se transformaron en espacios permanentes donde la identidad nacional se reforzó en condiciones de precariedad. Allí se consolidó una conciencia política basada en la experiencia compartida del desplazamiento y en la aspiración de restitución territorial.

La ausencia de Estado no implicó desaparición de la nación. La identidad dejó de definirse por control territorial efectivo y pasó a organizarse en torno a memoria común, reivindicación histórica y expectativa de retorno.

Mientras tanto, el nuevo Estado israelí consolidaba sus instituciones bajo una cultura política profundamente marcada por la experiencia de guerra y por la memoria reciente de la persecución europea. Así, dos proyectos nacionales emergieron del mismo proceso histórico con experiencias fundacionales radicalmente opuestas.

Dos experiencias y un conflicto

Para el movimiento sionista, 1948 representó la culminación de un proyecto nacional concebido como respuesta a la vulnerabilidad histórica. Para la sociedad palestina, el mismo año marcó el inicio de una condición de desposesión y dispersión que redefinió su horizonte político.

Desde entonces, la seguridad estatal israelí y el derecho al retorno palestino no son simplemente posiciones negociadoras contemporáneas, sino expresiones de experiencias fundacionales distintas inscritas en el momento de origen.

Comprender el nacionalismo palestino exige reconocer que su núcleo no se consolidó en el ejercicio de soberanía, sino en la pérdida del territorio donde esa soberanía aspiraba a materializarse.

La pregunta: ¿cómo se negocia un futuro compartido cuando las identidades políticas se formaron a partir de experiencias fundacionales que cada parte considera existencialmente irrenunciables?

Bibliografía

  • Gelber, Yoav. Palestine 1948: War, Escape and the Emergence of the Palestinian Refugee Problem. Sussex Academic Press, 2006.

  • Khalidi, Rashid. Palestinian Identity: The Construction of Modern National Consciousness. Columbia University Press, 1997.

  • Kimmerling, Baruch & Migdal, Joel. Palestinians: The Making of a People. Harvard University Press, 2003.

  • Morris, Benny. The Birth of the Palestinian Refugee Problem Revisited. Cambridge University Press, 2004.

  • Pappé, Ilan. The Ethnic Cleansing of Palestine. Oneworld, 2006.

  • Segev, Tom. 1949: The First Israelis. Free Press, 2011.

  • Rogan, Eugene. The Arabs: A History. Basic Books, 2009.

  • Krämer, Gudrun. A History of Palestine. Princeton University Press, 2008.

La perspectiva de un palestino en EEUU

(Mucho de lo que ha hecho ha sido una) estrategia fallida de nacionalismo patriotero, de mayor alcance. Un nacionalismo que considera a los palestinos como una especie de identidad pre-eterna y constante, necesariamente diferente y separada de su entorno.

Es francamente asombroso que el movimiento palestino siga insistiendo en esta estrategia fallida. Ya sea por la negativa de Fatah a reconocer el rotundo fracaso de Oslo y la evolución de la Autoridad Palestina hacia un brazo de la seguridad israelí, o por el paso de Hamás de un aliado regional a otro, ignorando por completo la muerte y la destrucción que estos infligen a otros, la naturaleza aislacionista del movimiento nacional palestino ha fracasado.

En lugar de construir amplias coaliciones de pueblos musulmanes que buscan descolonizar sus territorios, el liderazgo palestino se ha mantenido constantemente en el bando equivocado en otros conflictos en todo el mundo, siempre que parezca que esto se ajusta a las necesidades a corto plazo de su proyecto nacionalista. (…)

Pero después de los niveles sin precedentes de muerte, destrucción y miseria infligidos a Gaza, admito que …los palestinos no pueden valerse por sí solos.

—Firas Alkhateeb

Avatar de El Último Orbe - Historia
Una publicación invitada por
El Último Orbe - Historia
El pasado aún susurra, solo hay que saber escucharlo. Aquí busco la Historia que nunca nos contaron.
Suscríbete a El

Sin posts

© 2026 Lawi · Privacidad ∙ Términos ∙ Aviso de recolección
Crea tu SubstackDescargar la app
Substack es el hogar de la gran cultura